PENYO ROC Y PENYO MULERO DESDE LA FONT DEL PI (BENIMANTELL)
El Puerto de la Canencia, situado a 1.524 metros de altitud, es uno de los pasos más emblemáticos de la vertiente madrileña de la Sierra de Guadarrama, enlazando los municipios de Miraflores de la Sierra y Canencia. Su nombre procede directamente de la localidad homónima, aunque algunos estudios lo relacionan con la raíz latina canis (perro), ya que históricamente estas tierras estuvieron vinculadas a usos cinegéticos y la posible existencia de las perreras reales para la caza.
Hoy en día, el puerto es mucho más que un cruce de caminos: es un auténtico balcón natural hacia uno de los espacios más valiosos del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.
El gran protagonista de esta ruta es, sin duda, el Abedular de Canencia, un bosque “isla” de enorme valor botánico. Aquí conviven especies poco habituales en esta latitud peninsular como el abedul, el tejo, el acebo o el roble melojo, formando un mosaico vegetal que cambia radicalmente con las estaciones. Este tipo de bosque, más propio de climas atlánticos o centroeuropeos, encuentra en estas laderas húmedas un refugio excepcional, lo que convierte el recorrido en un auténtico laboratorio natural al aire libre.
La ruta que une la Chorrera de Mojonavalle con el Tejo de la Senda discurre en gran parte por pista forestal cómoda, alternando con senderos agradables y bien marcados. Es un itinerario sencillo, muy popular, ideal para todo tipo de senderistas, donde el atractivo no está en la dificultad técnica sino en la calidad paisajística: el sonido del agua, los cambios de vegetación y la sensación de estar caminando por un bosque casi norteño.
Además, este entorno se encuentra muy próximo a enclaves muy conocidos como el parque natural de la zona de Puerto de Navacerrada o las altas cumbres de Peñalara, lo que le confiere un perfecto lugar para preparar una ruta por alguna de sus cimas.
Por su parte, la cercanía de Miraflores de la Sierra añade un componente cultural y humano interesante, ya que este municipio ha estado históricamente ligado al uso tradicional de estos puertos de montaña y a la explotación sostenible de sus recursos.
En conjunto, la ruta del Abedular de Canencia, la Chorrera de Mojonavalle y el Tejo de la Senda ofrece una experiencia completa: paisaje, botánica, agua y bosque en un entorno accesible, muy frecuentado, pero que conserva una belleza serena y sorprendente en cualquier época del año.
Recuerda: Recuerda madrugar esta zona es muy popular. En otoño tiene un encanto especial.
Recuerda: Esta ruta es muy recomendable hacerla al final del verano, hace menos calor, menos turistas y se disfruta mucho más de la zona. El tramo de vía no es demasiado agradable y cuenta con una gran parte del recorrido de vuelta por asfalto.
Miraflores de la Sierra, punto de partida de nuestra ruta, es uno de los pueblos con más tradición montañera de la sierra madrileña. Situado a los pies de la Cuerda Larga y rodeado de extensos pinares y robledales, ha servido durante siglos como puerta de acceso a los pastos de altura y a los principales pasos de montaña del macizo. Su privilegiada ubicación lo convierte en uno de los mejores balcones naturales hacia las grandes cumbres de Guadarrama.
La Cuerda Larga recibe este nombre por la prolongada alineación montañosa que se extiende entre los puertos de la Morcuera y Navacerrada, manteniendo durante kilómetros una altitud superior a los 2.000 metros. Constituye uno de los cordales más elevados y característicos de toda la Sierra de Guadarrama, separando al norte el valle del Lozoya y al sur espacios tan conocidos como La Pedriza y la cuenca alta del Manzanares. El punto culminante de esta alineación es Cabeza de Hierro Mayor (2.383 m), la segunda cumbre más alta de la Comunidad de Madrid tras Peñalara.
A lo largo de la travesía iremos enlazando algunas de las cimas más conocidas de la sierra, entre ellas La Najarra, Bailanderos, Asómate de Hoyos, Cabeza de Hierro Menor, Cabeza de Hierro Mayor, Valdemartín y la popular Bola del Mundo o Alto de las Guarramillas, una montaña fácilmente reconocible por las grandes antenas que coronan su cima. Durante todo el recorrido disfrutaremos de amplias vistas hacia el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, el valle del Lozoya, La Pedriza y numerosas cumbres del Sistema Central.
En cuanto a la ruta, nos encontramos ante un itinerario largo y físicamente exigente. Los aproximadamente 29 kilómetros de recorrido y un desnivel positivo cercano a los 1.900 metros acumulados convierten esta actividad en una auténtica prueba de resistencia que requiere una buena preparación física y experiencia en rutas de larga duración. A pesar de ello, el nivel técnico es moderado, ya que no encontraremos pasos complicados ni zonas expuestas de especial dificultad; la exigencia radica principalmente en la distancia, los continuos ascensos y descensos y el tiempo necesario para completar la travesía.
Otro aspecto importante a tener en cuenta es la época del año. Gran parte del recorrido transcurre por zonas abiertas y desprovistas de sombra, por lo que durante los meses de verano el calor puede convertirse en un factor muy exigente. Por ello, resulta recomendable evitar los días más calurosos y afrontar la ruta en primavera, otoño o incluso invierno, siempre que las condiciones meteorológicas sean favorables y se disponga del material adecuado. Otro condicionante importante lo tenemos en que no hay fuentes por el camino (al menos, que yo conozca) la necesidad de llevar suficiente agua para toda la jornada suma un peso importante al esfuerzo físico. Nosotros llevamos 3 litros cada uno y tuvimos mucha suerte ya que la temperatura ambiental no fue muy elevada.
En definitiva, esta travesía por la Cuerda Larga es una de esas rutas imprescindibles para cualquier amante de la montaña. Una jornada de alta montaña sin grandes complicaciones técnicas, pero con la dureza suficiente para exigir respeto, esfuerzo y planificación, recompensando al senderista con algunos de los mejores paisajes que ofrece toda la Sierra de Guadarrama.
Recuerda: Recuerda buscar el momento del año más adecuado, en invierno puede contener nieve y en verano hacer mucho calor. Ajusta el sentido según tu nivel físico.
Felidhoo pertenece al atolón de Vaavu, uno de los menos masificados del país, lo que ya da una pista del tipo de experiencia que se puede encontrar aquí: más población local, menos resorts y una conexión mucho más directa con la forma de vida local.
Para entender realmente el lugar, hay que detenerse en un concepto clave: el atolón. Un atolón es una formación coralina en forma de anillo que se desarrolla sobre un antiguo volcán submarino. Con el paso de miles de años, el volcán se hunde y el coral crece alrededor, dejando en el centro una laguna interior de aguas tranquilas y poco profundas. Este proceso es el que ha dado forma a las Maldivas tal y como las conocemos hoy: pequeñas islas bajas, rodeadas de arrecifes y con ese contraste tan característico entre el azul profundo del océano y el turquesa de las lagunas.
Dentro del atolón, solo unas pocas islas están habitadas por población local. Entre ellas destacan Felidhoo, Fulidhoo, Thinadhoo, Keyodhoo y Rakeedhoo, cada una con su propio ritmo y una vida cotidiana muy ligada al mar, la pesca y, en los últimos años, a un turismo más sencillo y cercano. No hay grandes infraestructuras ni urbanización masiva, y eso se nota en la experiencia: aquí el contacto con la realidad local es mucho más directo, lo que lo convierte en un destino especialmente interesante para quienes buscan algo más que la típica imagen de postal.
En cuanto a los resorts, el atolón de Vaavu cuenta con muy pocos en comparación con otras zonas del país. Esto limita el turismo de lujo más masificado y favorece un modelo más tranquilo. Algunos complejos ocupan islas privadas, como es habitual en Maldivas, pero siguen siendo excepciones dentro de un entorno donde predominan las islas locales y los pequeños alojamientos tipo "guest house".
El atolón de Vaavu se encuentra al sur de Malé, la capital del país. Malé es el principal núcleo urbano de Maldivas y uno de los lugares más densamente poblados del mundo. Aquí se concentran las infraestructuras administrativas, el aeropuerto internacional y buena parte de la actividad económica. Desde Malé parten la mayoría de traslados hacia los distintos atolones, ya sea en lancha rápida o hidroavión, lo que la convierte en el punto de entrada obligado para cualquier viaje al país.
Hoy nos desplazamos nuevamente al interior de la provincia de Castellón, para descubrir una de las vías ferratas más exigentes de la Sierra de Espadán: la Vía Ferrata de Argelita – Pons (K4). Ubicada en las inmediaciones de la pequeña localidad de Argelita, en el valle del río Villahermosa, esta ferrata se integra en un entorno natural privilegiado, donde los densos bosques de alcornoques, los barrancos y las formaciones rocosas configuran un paisaje perfecto para la práctica de actividades verticales.
El municipio de Argelita, tranquilo y con esencia rural, conserva el encanto de los pueblos de interior de Castellón, rodeado de naturaleza y con un importante patrimonio histórico ligado a su pasado agrícola y defensivo. La cercanía al río y a los numerosos barrancos de la zona ha favorecido el desarrollo de rutas de senderismo, barranquismo y vías ferratas, consolidando el área como un destino ideal para los amantes de la montaña.
La Vía Ferrata Pons (K4) destaca por su carácter físico y exigente, especialmente en los brazos. Una pared desplomada te da la bienvenida que hace necesario la pericia y la fuerza de brazos. A lo largo del recorrido encontramos tramos verticales continuos, desplomes y pasos donde la progresión requiere fuerza, resistencia y una buena técnica. No es una ferrata para iniciarse, sino una actividad orientada a personas con experiencia previa, que busquen un reto más intenso dentro de este tipo de itinerarios equipados.
Como en cualquier vía ferrata, es imprescindible contar con el material homologado —casco, arnés, disipador de energía y guantes— y dominar las técnicas de progresión y seguridad. En este caso, además, se hace especialmente importante dosificar el esfuerzo y gestionar bien los descansos, ya que la continuidad de los tramos verticales puede pasar factura si no se afronta con la preparación adecuada.
Un punto muy interesante de esta ferrata es su proximidad con la Vía Ferrata de la Piqueta en Espadilla, situada a apenas 20 minutos en coche, lo que permite combinar ambas en una misma jornada o en un fin de semana completo, disfrutando de dos estilos diferentes: una más técnica y variada, y esta otra claramente más física y exigente.
En definitiva, una vía ferrata intensa y muy completa, ideal para quienes buscan subir el nivel, poner a prueba la resistencia y disfrutar de la verticalidad en uno de los entornos más atractivos de la Sierra de Espadán.
Recuerda: la importancia de conocer las técnicas de avanzar por la ferrata, el material y la planificación. En el caso de no tener los conocimientos suficientes buscar empresas oficiales que nos organicen la actividad. La seguridad ante todo.

La Serrella se extiende a lo largo de unos 15 kilómetros sobre los términos municipales de Beniardá, Confrides, Castell de Castells, Benasau, Cuatretondeta, Facheca y Famorca, formando una auténtica barrera natural entre la Marina Baixa, al sur, y la comarca del Comtat y la Marina Alta, al norte. Su disposición este-oeste y su relieve abrupto le confieren un carácter muy marcado, enlazando hacia el este con la sierra de la Xortà sin una discontinuidad clara.
Entre sus cumbres más destacadas encontramos el Plà de la Casa (1.379 m), la Mallada del Llop (1.360 m) y el Alt de la Serrella (1.359 m), tres elevaciones muy próximas en altura pero con personalidad propia. La Mallada del Llop, objetivo de nuestra ruta, debe su nombre a las antiguas “malladas”, espacios donde el ganado pasaba la noche, y al lobo. Esta toponimia refleja la estrecha relación entre el medio natural y la actividad pastoril tradicional, profundamente arraigada en la zona. Aunque en esta zona no hay lobos, quizás se piense que en esta sierra fue abatido el último lobo de estas sierras en alicante. (Este dato no lo tengo confirmado).
El ascenso por el Barranco de la Canal y la visita al Nevero de Famorca, nos introduce en un entorno cerrado y salvaje, donde todavía pueden encontrarse antiguos neveros o pozos de nieve. Estas construcciones, hoy silenciosas, fueron esenciales durante siglos para almacenar nieve prensada en invierno y transportarla posteriormente a los núcleos urbanos para su conservación y uso sanitario o doméstico. Su presencia en el barranco nos recuerda la dureza del clima invernal en estas sierras y la importancia económica que tuvo este recurso natural.
La ruta es exigente, tanto por el desnivel acumulado como por algunos tramos de senda donde encontramos algún tramo de tierra suelta como la entrada al barranco de la canl, que obligan a avanzar con atención. El ascenso combina la progresión por el barranco con tramos más directos y verticales antes de alcanzar la cima, donde las vistas se abren hacia el valle de Guadalest, la Marina y el interior montañoso alicantino. El regreso por el mismo barranco permite disfrutar nuevamente de este entorno tan singular.
Una subida intensa y muy completa, ideal para quienes buscan montaña auténtica en el interior de Alicante, combinando esfuerzo físico, etnografía y paisaje en una de las sierras con más carácter de la provincia.
La Sierra del Cid alcanza su máxima altura en el Pico del Cid, con 1.104 metros, una cumbre fácilmente reconocible desde buena parte de la provincia por su perfil abrupto. Muy cerca se encuentra la Silla del Cid, una formación rocosa característica cuyo nombre hace referencia a la forma de silla o asiento que dibuja el relieve. La tradición popular también vincula su nombre al legendario caballero medieval Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, aunque no existe constancia histórica directa de su paso por estas montañas. En cualquier caso, la toponimia refleja la importancia simbólica que ha tenido esta sierra para las poblaciones cercanas.
A los pies de la sierra se encuentran las ciudades de Elda y Petrer, dos localidades muy ligadas entre sí tanto geográfica como históricamente. Ambas forman uno de los principales núcleos industriales del interior alicantino y han desarrollado tradicionalmente su economía en torno a la industria del calzado, un sector que ha dado fama internacional a la zona y que sigue siendo uno de los motores económicos del territorio. Además de su actividad industrial, estas poblaciones conservan un interesante patrimonio histórico, con castillos medievales, barrios antiguos y una intensa vida cultural.
El entorno natural de esta montaña forma parte del Paisaje Protegido de la Sierra del Cid y el Maigmó, declarado en 2007 para preservar el valor paisajístico, geológico y ecológico de estas sierras. Este espacio protegido abarca varias alineaciones montañosas del interior alicantino y destaca por sus pinares de pino carrasco, matorral mediterráneo y una fauna adaptada al clima seco y soleado de la región, donde no es raro observar aves rapaces planeando sobre las crestas y barrancos.
La ruta que asciende hasta la Silla del Cid y el vértice geodésico desde la Casa del Guarda es un itinerario bien marcado y accesible, sin grandes complicaciones técnicas. Se trata de una subida progresiva que permite disfrutar del paisaje mientras se gana altura hasta alcanzar la cima. Desde lo alto, las vistas se abren ampliamente hacia las comarcas del Vinalopó y l’Alacantí, ofreciendo una panorámica espectacular del interior de Alicante, donde las montañas y los valles se suceden hasta perderse en el horizonte. Un recorrido ideal para conocer una de las montañas más representativas de la provincia y disfrutar de un entorno natural muy cercano a las principales poblaciones de la zona.
Recuerda: Esta es una zona muy popular por senderista. No hay mucho aparcamiento en la parte alta.
Espadilla es una pequeña población de interior situada en el valle del río Mijares, con un marcado carácter rural y un entorno natural muy bien conservado. En sus alrededores encontramos numerosos elementos de interés, como antiguas terrazas de cultivo, sendas tradicionales, restos de castillos de origen islámico y una red de barrancos que han ido modelando el paisaje a lo largo del tiempo.
La Vía Ferrata de la Piqueta es un itinerario corto pero muy interesante, catalogado con una dificultad K2-K3, que combina tramos equipados con otros donde es necesario progresar utilizando apoyos naturales en la roca, lo que le aporta un carácter más técnico y entretenido. No es una ferrata excesivamente larga, pero sí requiere cierta soltura en terreno vertical y una buena gestión del equilibrio, especialmente en los pasos donde el equipamiento es más escaso.
Por ello, es fundamental afrontar este tipo de actividad con el material adecuado —casco, arnés, disipador de energía homologado y guantes— y, sobre todo, contar con los conocimientos técnicos necesarios para progresar con seguridad. La planificación y el respeto por el entorno son claves para disfrutar de la experiencia sin asumir riesgos innecesarios.
Esta vía es relativamente corta (actividad total 45 minutos) como complemento perfecto, la jornada se puede completar con el Barranco de la Carbonera, un descenso sencillo y muy accesible, ideal para quienes quieren iniciarse o disfrutar de una actividad variada. El barranco cuenta con unos 8 rápeles, siendo los más destacados dos de aproximadamente 20 metros, mientras que el resto son más cortos y asequibles. Su carácter seco o con escaso caudal la mayor parte del año permite disfrutarlo en diferentes épocas, convirtiendo esta combinación en una actividad muy completa.
En conjunto, una propuesta perfecta para combinar vía ferrata y barranquismo en un entorno natural privilegiado, ideal para quienes buscan una jornada activa y variada en la Sierra de Espadán. Un punto muy interesante de esta ferrata es su proximidad con la Vía Ferrata de Pons en Argelita, situada a apenas 20 minutos en coche, lo que permite combinar ambas en una misma jornada o en un fin de semana completo, disfrutando de dos estilos diferentes: una más técnica y variada, y esta otra claramente más física y exigente.
Recuerda: la importancia de conocer las técnicas de avanzar por la ferrata, el material y la planificación. En el caso de no tener los conocimientos suficientes buscar empresas oficiales que nos organicen la actividad. La seguridad ante todo.
La actividad se realiza en la localidad de Espadilla. Nada más entrar al pueblo encontramos, a la izquierda, una zona municipal con pista polideportiva y paneles informativos donde se inicia la ruta.
Desde este punto comenzamos a ascender hacia la vía ferrata. Junto al panel, a la derecha, sale un sendero evidente en subida que nos dirige hacia el inicio del recorrido equipado. El trazado es claro y visible desde la zona de aparcamiento.
Seguimos el sendero en ascenso, cruzando un pequeño barranco ayudándonos de hitos. Nada más cruzar tenemos un sendero que nos lleva directos a la pared. En unos 5 minutos llegamos al inicio de la vía ferrata. Si queremos nos podemos equipar directamente en el aparcamiento.
El recorrido comienza ascendiendo de frente, con buen uso de grapas y cable de vida. Más adelante realizamos un desplazamiento hacia la izquierda, donde se abandona momentáneamente la línea más vertical. Posteriormente se vuelve a ganar altura con un paso hacia la derecha, hasta encarar un espolón final que conduce a la salida.
Se trata de una ferrata corta pero intensa, con un carácter vertical continuo y exigencia física de brazos, aunque bien equipada y segura en todo momento. Redordar que en muchos pasos tenemos que hacer apoyos de pies sobre la roca.
Una vez finalizada la ferrata, tomamos un sendero en subida para enlazar con la parte alta del recorrido, en dirección a la zona de inicio del barranco de la Carbonera.
Tras salir de la ferrata, continuamos por un sendero ascendente corto pero con bastante inclinación (unos 10–15 metros), bien marcado y señalizado.
Enlazamos posteriormente con un sendero a la derecha hasta llegar a un cruce. Desde aquí seguimos la senda de la izquierda, con marcas de GR, en dirección al inicio del barranco.
Durante este tramo ya se observan las verticalidades del barranco, lo que permite visualizar los rápeles que realizaremos a continuación.
El descenso continúa con un rápel más largo de aproximadamente 21 metros, bastante vertical y estético, que puede requerir cuerda de hasta 45 m para mayor seguridad y maniobra.
Tras el último tramo del barranco, seguimos una senda con vegetación abundante, acompañados por una acequia hasta llegar a una poza de agua.
Desde este punto salimos a la carretera de acceso al pueblo.
El regreso hasta el coche se realiza en unos 10–15 minutos, remontando ligeramente hasta el punto de inicio en Espadilla.
Tiempo total de la actividad: aproximadamente 2 horas y 20 minutos.