La localidad granadina de Lugros se sitúa en la vertiente norte de Sierra Nevada, en una posición elevada que domina el altiplano y los valles que descienden hacia el Marquesado del Zenete. Se trata de un pequeño municipio ligado históricamente a la ganadería y al aprovechamiento forestal, y cuyo origen se remonta a la época andalusí. Su nombre parece proceder del árabe Lugrus o Logros, posiblemente relacionado con términos agrícolas, aunque su etimología exacta sigue abierta a interpretación. Hoy, Lugros es conocido sobre todo por servir de puerta natural a uno de los bosques mixtos más valiosos de Andalucía: la Dehesa del Camarate.
La Dehesa del Camarate, declarada espacio de especial protección, constituye uno de los mejores ejemplos de bosque mediterráneo montano conservado en el sur peninsular. Popularmente conocida como “el bosque encantado”, está formada por una combinación excepcional de especies caducifolias —robles melojos, arces, cerezos silvestres y mostajos— junto a pinares y zonas de pasto tradicional. El término dehesa hace referencia precisamente a ese modelo de gestión histórica donde el arbolado, el ganado y los usos forestales convivían de forma equilibrada. Además de su interés botánico, el Camarate ha actuado durante siglos como reserva de biodiversidad, proporcionando refugio a especies como el ciervo, el jabalí o diversas rapaces de montaña.
Debido a su enorme valor ecológico y a la elevada afluencia turística que recibe en otoño, la Junta de Andalucía establece restricciones de acceso durante los meses de octubre y noviembre (en fin de semana). En este periodo es obligatorio hacer una reserva y utilizar un autobús lanzadera desde Lugros, evitando así la entrada masiva de vehículos privados y garantizando la conservación del entorno. El resto del año, el acceso está abierto y permite recorrer la zona con total libertad, siempre respetando la normativa del parque.
La ruta hacia la Dehesa del Camarate es sencilla y apta para todos los públicos. Se desarrolla íntegramente por una pista amplia y progresiva, sin dificultad técnica y con una pendiente suave que permite disfrutar del paisaje mientras se avanza. El camino, además, ofrece una lectura clara del entorno: se pasa de zonas más de pasto hasta la entrada del bosque denso, donde los colores otoñales se convierten en el principal atractivo para los visitantes. El retorno se realiza por el mismo trazado, siempre con la sensación de caminar por un espacio natural único y sorprendentemente bien conservado para su accesibilidad.
Recuerda: En los meses de octubre y noviembre (en fin de semana) está prohibido el acceso en vehículo propio. Hay que subir desde Lugros.
DIFICULTAD TÉCNICA: Baja. No hay pasos complicados. Todo el tiempo discurre por pista.
Tenemos una aproximación de unos seis kilómetros desde la carretera antes de llegar a la población de Lugros, y desde ahí parte una pista en buen estado que nos conduce hasta el aparcamiento, situado a pocos metros de una pequeña ermita y junto a la valla que da acceso a la dehesa. Aquí dejamos el coche y comenzamos la ruta por la pista en ligero ascenso hasta llegar a la entrada del Camarate.
El recorrido no presenta mayor complicación. A los pocos metros alcanzamos una antigua ermita donde suele verse el ganado pastando libremente, formando una estampa muy fotogénica. Desde este punto tomamos a la derecha una pista en ascenso constante que, en unos cinco kilómetros, nos lleva hasta el tentadero, situado en un rincón muy agradable de la montaña y con buenas vistas del entorno. Nosotros hemos tardado aproximadamente una hora y cuarto a un ritmo cómodo.
Tras una pequeña parada comenzamos el regreso, con la opción de volver por el mismo camino o, dos kilómetros más abajo, tomar un cruce a la derecha que desciende hacia el Cortijo del Camarate.
Finalmente descartamos la opción de bajar por el cortijo de la dehesa porque el acceso está cerrado, así que emprendemos el regreso por el mismo camino de subida. Seguimos la pista en descenso hasta llegar nuevamente a la ermita.
Todo el recorrido es técnicamente muy sencillo: la pista está bien pisada y buena parte del camino conserva un firme empedrado que facilita el ascenso, sin presentar pasos complicados. La ruta discurre por un entorno de bosque caducifolio, rodeados de robles, encinas y rosales, formando un paisaje muy agradable durante todo el recorrido. Es una ruta ideal para hacer en familia, no tiene dificultad técnica ni física, aunque hay que subir al tentadero.





















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